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Septiembre suena a volver… Volver de las vacaciones, volver de la playa o de la montaña, volver de los viajes, volver de los sueños, volver de las aventuras veraniegas… Tiempo de volver e instalarse de nuevo en la rutina, en el trabajo, en las prisas, en la vorágine de los aconteceres de cada jornada…
Pero es también tiempo de volver a valorar el quehacer de cada día, a encontrarse con los que también han vuelto y recorren los mismos caminos, de reencontrar al amigo, de llenar la añoranza de alguna separación, de escuchar aventuras vividas o soñadas, de ponerse al lado, de intercambiar, de sentir la vida… de pedir como Salomón (1 Reyes 3,5.7-12) “Dame, Señor, un corazón que sepa escuchar…”, y dame un corazón que pueda sentir…
Tiempo de volver… Se reanuda otro curso y sigue la crisis, y la violencia, y las catástrofes y las lamentaciones, pero también ese afán del día a día nos va a permitir encumbrar el camino por el cual queremos transitar, y sentiremos al mismo tiempo el peso de la carga de la vida y el alivio de nuestra lucha esperanzada para mejorarla, sembrando de ilusión cada acontecer y transformando en historia de amor cada reto.
Septiembre nos abre un amplio horizonte, un nuevo espacio para el trabajo y la realización; muchas jornadas para volver, vivir, elegir, optar, amar… siendo protagonistas del propio destino y colaboradores de un mundo mejor que, unidos en cadena, seguiremos haciendo posible.
Si, además, dejamos que en el camino nos hable el Señor, podremos sentir como aquellos discípulos de Emaús desanimados y cansados, que tras la escucha comentaban emocionados: “¿No es verdad que nuestro corazón se enardecía, cuando nos hablaba por el camino…?” (Lc 24, 32) y volver, como ellos, -somos creyentes- con prisa y gozosos a proclamar la felicidad del encuentro, a poner color al otoño, calor a la vida, sonrisas al nuevo curso.
Volvemos y nos unimos en el camino a tantos y tantos peregrinos, soñadores de mundos más habitables y verdades más definitivas. Y volvemos dando gracias: “Por cuanto soy / gracias te doy; / por el puro milagro de vivir. Y por el ver / la tarde arder, / por el encantamiento de existir” (Gabriela Mistral).
Tiempo de volver… ¡mejor unidos!.
Antonio Gil
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