Don Cosme Robredo es un salesiano afincado en Perú desde 1985. De gran sensibilidad musical y espiritual. No usa casi nunca los compases de espera, le urge la acción educativa y misionera. Compagina muy bien su preparación intelectual, musical, salesiana y sacerdotal. Actualmente, su cuerpo camina con muletas o silla de ruedas. Pero nadie ni nada ha doblegado su espíritu.Pregunta.- Usted es muy conocido para muchos, otros quieren saber algo de usted… ¿Nos da algunos datos?Respuesta.- Perfecto. Nací en Llanes (Asturias) en 1927. A los 12 comienzo el
curriculum salesiano. En 1952 me ordené de sacerdote. Estuve con novicios, teólogos, profesor de liturgia y música religiosa. Director de Mohernando (Guadalajara), de Madrid-Estrecho, del teologado en Salamanca, Vicario inspectorial y luego inspector.
P.- ¡Qué gran curriculum! Yo le conocí en un año de mi teología en Posadas de Córdoba (1959), como un gran músico salesiano. Nos dio las buenas noches…R.- Sí, recuerdo aquella visita. Lo de gran músico, depende con quién se me compare y quién me juzgue. Es muy cierto que la música me ha encantado. He compuesto canciones y melodías. La he cultivado como un medio pastoral.
Don Bosco decía que la música es el alma de una casa salesiana. En la música nos encontramos educadores y jóvenes. Congrega más jóvenes que Cristo, aunque no convierte tanto los corazones.
P.- ¿Y por qué vino a América a una edad ya tan avanzada?R.- Pues muy sencillo: en aquella época era muy corriente que a los exprovinciales los enviaran a misiones. Vine, pues, por mandato pero muy a gusto. Pasé de mandar a obedecer…
P.- Aquí en Perú, ha tenido muy interesantes y muy valoradas actividades. ¿Cómo lo ve usted a la distancia de los años?R.- Siempre y en todo he puesto alma, vida y corazón. Estoy muy contento de mi vocación salesiana, de mis tareas aquí en Perú. Me encomendaron los Superiores la Delegación Inspectorial de los Salesianos Cooperadores de Perú, ahí estuve durante unos 20 años. También trabajé en Magdalena (colegio). Más tarde en Rímac como director. Allí hicimos la Iglesia, talleres… con ayudas de España y Perú. Guardo de Rímac un excelente recuerdo. Fui también Vicario Episcopal de religiosas durante unos 15 años. Actualmente estoy en el Colegio de Breña, en silla de ruedas. Me he ocupado del proceso de canonización del gran obispo salesiano Monseñor
Ortiz, cuya causa ya está en Roma.
P.- A propósito de los Salesianos Cooperadores, me han dicho que usted fue muy clarividente y muy “bosquiano” en sus orientaciones y acompañamiento.R.- Es que he creído muy profundamente en esta intuición de Don Bosco. Hoy,

creo yo, Don Bosco empujaría a los Cooperadores a las Escuelas Estatales o privadas aconfesionales; al ejercicio de la política (
Pablo VI y
Juan Pablo II señalaban la política como lugar privilegiado para los laicos cristianos). Nos quejamos mucho de la incompetencia y corrupción en esos cargos… Hay que estar presentes en la animación sindical (recordemos al Beato
Bartolomé Blanco, mártir y líder sindical). ¿Y el mundo deportivo y lúdico, profesional, de la empresa y del trabajador, y de los grandes Medios de Comunicación? Claro que eso requiere gran vocación, preparación y capacitación… Pero ahí hay que testimoniar profesionalidad, competencia y testimonio. Y priorizando la vocación evangelizadora dentro y fuera de la Iglesia.
P.- Tras esta preciosa llamada a los Cooperadores, que comparto totalmente, ¿qué le ha aportado a su vocación salesiana la Congregación en Perú?R.- Ha sido una experiencia muy rica. He conocido cantidad de hermanos, de personas de gran calidad humana y cristiana, el papel tan maravilloso de la Congregación en Perú y de las perspectivas en esta sociedad e Iglesia donde tan bien encajan las opciones, el estilo y la espiritualidad salesiana. Pero de todo, quiero poner música vibrante a mi época en Rímac, donde los jóvenes eran pobres, muy pobres, de extrema necesidad. Me sentí muy salesiano.
P.- ¿Y ese estar en silla de ruedas, a qué se debe?R.- Pues cosas de la vejez. Sigo teniendo muchas músicas en el alma y muchas notas en el corazón pero ya no soy capaz de dirigir una orquesta. Dios me ha dado claridad de mente y espíritu despierto pero el cuerpo ya no acompaña. No lamento lo que no puedo hacer, hago todo lo que puedo en esta situación. Puedo arrastrar los pies, no quiero arrastrar el espíritu, ni quiero que mi espíritu camine en silla de ruedas.
P.- ¿Quiere aprovechar para dar algún mensaje a los hermanos, amigos y lectores españoles del Boletín?R.- Sí, encantado. Que me ayuden a dar gracias a Dios por la vocación salesiana y sacerdotal. Que desde la vocación, estatus social y posibilidades de cada uno, nos unamos para encarnar el mejor mensaje de humanización y de felicidad -de Cristo y de Don Bosco-, que es lo que todos en lo más profundo deseamos.
Don Cosme, mil gracias en nombre de todos los lectores. A lo largo de estos casi dos años que llevo en Perú, hemos hablado mucho de mil cosas, todo relacionado con nuestro mejor servicio a los jóvenes pobres desde la Congregación. Me encanta constatar que nos une, más que ser compatriotas, el amor a los jóvenes pobres, ellos son nuestra patria.
Alfonso Francia